Autora: Stefanny Romero

La joven es profesional pero ante la escasez de trabajo formal optó por abrir su local donde hace y vende tortillas. 

Para los salvadoreños no es extraño ver en cada ciudad una variedad de puestos de venta de tortillas, donde mujeres laboriosas atienden la elaboración y venta de este importante carbohidrato en la dieta de los salvadoreños.  

Brenda Lisseth Martínez Marín de 27 años de edad, es una de estas mujeres, quién desde hace unos meses decidió poner su venta de tortillas para mantener a sus dos hijos ante la falta de un empleo formal.  

En la labor no está sola, pues lo hace con ayuda de su madre Maribel Marín de 52 años, quién tiene experiencia en la elaboración y comercio de tortillas, por ello decidió apoyar a su hija en este esfuerzo.  

Brenda se levanta cada día a las 5:30 de la mañana para lavar el maíz y al mismo tiempo realizar los oficios de su hogar, para posteriormente empezar su labor como tortillera, lo cual le permite tener un ingreso de alrededor de 100 dólares mensuales. Una cifra que no compensa el esfuerzo pero que le permite llevar el pan a sus hijos. 

Martínez estudió licenciatura en Educación Parvularia y se graduó hace dos años; sin embargo, no ha podido conseguir trabajo de ello, es por eso que buscó otra fuente de ingresos. 

«Mis hijos son todo para mi y por ellos doy hasta la vida si es posible. Mi niña tiene 4 años y mi niño tiene 6 meses. El papá de ellos no vive con nosotros pero cuando puede nos ayuda economicamente, pero aún así yo trabajo, ya que él no siempre puede ayudarnos», dijo Martínez. 

Además comentó que es poco lo que se le gana a la venta debido al aumento en el precio del maíz. 

«Vendemos como de 20 a 26 dólares todos los días, pero la ganancia es poca, ya que el maíz esta a $26 dólares y aparte de eso tenemos que estar comprando el gas que está valiendo como $11.15, es poco lo que se gana, pero aún así nos ayuda para sobrevivir», agregó la joven madre. 

Lleva cuatro meses en la labor y sostiene que a pesar de ser poco tiempo, ya tiene muchos clientes que la aprecian y la recomiendan a más personas.  

Desde tempranas horas junto a su madre empieza a vender tortillas en su casa ubicada en el barrio El Calvario del municipio de Chinameca y en cada jornada muelen más de un arroba de maíz, pero Brenda aseguró que vale la pena el esfuerzo, ya que su felicidad más grande es ver que a sus hijos no les falta el sustento de cada día y tiene fe que en el futuro trabajará de lo que estudió para así poder dar mucho más por sus hijos. 

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