El horticultor busca diversificar sus cultivos, pero siguiendo procesos amigables con el medio ambiente.

Tres años han pasado desde que don José Benítez encontró en la siembra de papaya una forma de vida, que ahora le permite ayudar a otros generando empleo en la ciudad de San Miguel.

El horticultor retornó al país hace 14 años después de emigrar hacia Estados Unidos en 1986; pero no fue hasta en 2018 que formó parte del programa de huertos urbanos impulsado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), a través de su programa Mesoamérica sin Hambre, apoyado por la Agencia Mexicana de Cooperación para el Desarrollo (AMEXCID) que encontró una oportunidad para salir adelante.

“Esa experiencia me sirvió para comenzar en este proceso que no fue nada fácil, porque yo no sabía de sembrar este tipo de cultivos que son muy demandados, tuve que guiarme de los que sabían, he participado de capacitaciones hasta que logré dominar las técnicas y hoy poseo tres cuartos de manzana cultivado con este producto”, dijo Benítez.

Don José que residen en el cantón Montegrande, una comunidad cercana al casco urbano de la ciudad de San Miguel, no quiso producir sólo por obtener ingresos; sino hacerlo pero con conciencia ambiental y sembrar de una forma limpia para que los productos que salieran de su parcela, fueran frutos cosechados con producción 100 por ciento orgánica.

“Aprendí a producir bocachi o abono orgánico, a crear fungicidas con materiales orgánicos, a desarrollar prácticas biológicas para proteger las plantas, como por ejemplo dejar que haya sapos para que se coman la mosca, a colocar barreras vivas para que las plagas no ataquen los frutos, sino a las barreras y así lograr eliminar plagas usando otros depredares orgánicos”, dijo el agricultor.

Mariano Peñate, coordinador del programa Mesoamérica sin Hambre explicó que a través de este esfuerzo han logrado mejorar las capacidades de pequeños agricultores en la zona oriental, y el caso de Benítez, es uno de las más de mil que han apoyado a través de diversos esfuerzos.

“El programa permitió se diera asistencia técnica a más de mil 300 familias para la ampliación y diversificación de su capacidad productiva; además de la implementación de 560 huertos familiares, entre otros”, reveló Peñate.

Gracias a ese apoyo Benítez ahora produce tres tipos de papaya, la Hawaiana, Caribe y la Belanova, tres productos que no sólo son ricos en nutrientes y fibra para el cuerpo humano, sino que también tienen la bondad que no poseen ningún rastro de químicos.

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El producto es distribuido por el mismo horticultor en los mercados locales, comunidades y tiendas aledañas a su comunidad.

“Salimos a los pueblos pequeños a vender a los mercados o por unidad, visitamos San Francisco Gotera, Chirilagua, pero con la pandemia estuvimos distribuyendo a los vendedores de los mercaditos móviles que venden fruta picada, o unidades”, mencionó el horticultor.

Actualmente posee 600 árboles de papaya que cada semana le generan un promedio de 150 papayas diarias, mismas que coloca en los mercados locales y que tienen el plus de ser producidas en un ambiente controlado y plenamente orgánico.

Los retos del horticultor

“Ignoraba muchas cosas cuando comencé, me ha tocado perder algunas veces porque, por ejemplo, cuando llueve mucho afecta las plantas y el año pasado se me perdió una buena parte de la producción por la cantidad de lluvias, pero he seguido”, aseguró Benítez.

Explicó que aprendió a sembrar en forma escalonada para que haya siempre producción del fruto, y además está buscando diversificar sus cultivos introduciendo además la siembra de hortalizas como el pepino, rábano, cebollín, loroco e incluso plátano.

Junto al horticultor están tres empleados que trabajan hombro a hombro para poder sacar adelante las cosechas, pues el cuido de las plantas es esencial, sobro todo en los primeros meses de producción.

“Son entre 40 y 45 días en que se siembra la semilla, luego se trasplanta al terreno y siete meses después se están sacando frutos, pero los primeros meses son los más delicados para la planta, por eso el trabajo no puede ser de una sola persona”, explicó Benítez.

El horticultor aspira convertir su terreno en un parque ecológico y que la gente llegue a comprar sus frutas y verduras frescas, mientras ven algunos animales de granja y ven como producen los alimentos orgánicos.

El año dedicado a las frutas

La organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 2021 como el año de las frutas y verduras, eso debido a los altos índices de obesidad que existen en el mundo y los riesgos en la salud que eso genera.

Por tal razón es importante destacar que la papaya es una fruta que posee propiedades que permiten una variedad de beneficios para el cuerpo humano, la doctora Simei Pleitez, señaló que esta fruta ayuda a la digestión por su contenido de papaína que es una enzima que ayuda a la digestión, además de propiedades antioxidantes como el licopeno otro antioxidante, además de la vitamina A.

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“También tiene vitamina C que ayuda a mejorar las defensas, ayuda a mejorar la síntesis de colágeno y activa la reabsorción del hierro para que el cuerpo lo reciba más rápidamente”, mencionó la médica.

Otro uso más casero de este fruto según la doctora, es tomar las semillas molerlas y convertirlas en desparasitante, pues posee propiedades que ayudan a tal efecto.

Según la ONU la obesidad es una causa de muerte mucho más alta que las enfermedades de transmisión sexual y la violencia armada; además una persona obesa tiene más probabilidad de enfermarse de covid-19 y por ello es importante incluir en nuestra dieta el consumo de frutas como la papaya.

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